Carlos Sánchez de Pazos Peigneux

 

Publicado en O Globo, Río de Janeiro, 22 de septiembre de 2017.

 

Versión en español:

 

Todos los ciudadanos apreciamos la Democracia, la defendemos, pero… ¿sabríamos definirla? Una definición apresurada aludiría a su elemento más reconocible: Democracia es votar. Y, sin embargo, ¿siempre lo es? ¿Es democrática una nación en que una mayoría (racial, religiosa, ideológica o social), a través de una votación, discrimina, vulnera los derechos fundamentales o esclaviza a una minoría? No; no hay Democracia en la “tiranía de la mayoría” (Madison), pero tampoco sin separación de poderes. Por supuesto, tampoco puede haberla sin respeto a la ley democrática; puede haber leyes sin Democracia, pero no existe Democracia sin ley.

 

En la tierra de mi abuela, Cataluña, el “referéndum” del 1 de octubre se ha convocado vulnerando no sólo la Constitución española, que garantiza desde hace hace décadas los derechos fundamentales y la convivencia democrática en España (no olvidemos, una de las naciones más antiguas de Europa y del mundo), sino la propia legalidad catalana y su norma fundamental: el Estatuto de Autonomía de Cataluña, que, precisando de una mayoría de 2/3 para su reforma, ha sido dilapidado el pasado 6 de septiembre por una mayoría parlamentaria que ni alcanza dicha cifra ni tan siquiera supera en votos a los partidos de la oposición. Todo ello incumpliendo los trámites parlamentarios, vulnerando los derechos fundamentales de la oposición y desoyendo al Tribunal Constitucional y el Consejo de Garantías, esgrimiendo un derecho de autodeterminación que la ONU sólo reconoce a las naciones colonizadas u oprimidas, y que tan sólo Sudán, Etiopía y Uzbekistán reconocen a sus regiones. 

 

Todas las naciones modernas y prósperas reconocen el principio de soberanía nacional: la incapacidad de los territorios de separarse unilateralmente, al no poder disponer una “parte” sobre el “todo”; el Tribunal Supremo estadounidense lo advirtió hace 100 años a Texas, y el Tribunal Constitucional alemán este año hizo lo propio con Baviera. Votar es democrático, pero hacerlo vulnerando los derechos de la minoría parlamentaria, desobedeciendo a los tribunales y vulnerando el Estado de Derecho no puede, jamás podrá, ser democrático. Es otra cosa.

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